Nueva agenda social: Una batería sin energía para rozar la desigualdad

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Una columna de opinión publicada por el Centro de Estudios del Trabajo (CETRA) ahondó en la serie de medidas anunciadas por el Presidente Sebastián Piñera luego de las gigantescas manifestaciones sociales que se han producido en el país en la última semana.

A continuación, publicamos el escrito, de suma importancia ante la situación político-social por la que atraviesa Chile:

“Después de una semana de legitima, creciente e incesante movilización de los más amplios sectores sociales y en toda la regiones del país, la única respuesta de gobierno ha sido militarizar el territorio nacional, afectar los derechos humanos bajo la consigna de restituir un orden (por cierto sin ningún resultado).
Sólo el martes pasado, el Presidente Sebastián Piñera, luego de sostener reunión con algunos partidos políticos -lo que dejó más en evidencia la desconexión de la clase política con las organizaciones sociales y el pueblo de Chile- dio a conocer una llamada ¨Nueva Agenda Social¨ en la perspectiva de contener y dar cauce a esta crisis ya instalada.
Primero, señalar que de nuevo hay muy poco. El enfoque neoliberal no se altera. Sólo recordamos que el Programa de gobierno que presentó Sebastián Piñera, ya contenía buena parte de anuncios tales como Sala cuna universal, Creación de un Seguro Catastrófico de Salud, apoyo a gastos médicos, reducción de las contribuciones de los adultos mayores y la creación de institucionalidad de infancia, de los cuales ya hay iniciativas legislativas en curso – bastante cuestionables, por cierto- pero nada apunta a soluciones estructurales que cierren las brechas de desigualdades. Bajarle el sueldo a los parlamentarios o poner un impuesto adicional a las remuneraciones sobre $8 millones son acciones mínimas, éticas es cierto pero menores. Pero ellas sólo ocultan y dejan sin tocar a los súper ricos representados en ese 0,01 % por ello no extraña que nada se dijo de detener la Reforma Tributaria que busca volver a un sistema de integración, que es una de las más evidentes expresiones de favoritismos de este gobierno con los poderosos.
En materia laboral, ofrece un piso de 350 mil pesos. Puede resultar interesante a primera vista pero los trabajadores y trabajadoras no caerán en la trampa. ¿Cómo es posible que se pretenda corregir las injusticias sociales, subsidiando una vez más a los empresarios, a los que más tienen con los recursos de todos para alcanzar esta cifra? Que por cierto, no llegará a tantos trabajadores como aparenta. Quedarán fuera todos aquellos que perciben gratificaciones o elementos variables que en la práctica se han adosado al ingreso mínimo legal negando una real participación en las utilidades, tal como como ocurre en el Comercio y los Servicios Financieros.
En el área previsional, otro parche, un incremento de poco más de veinte mil pesos para quienes tienen pensiones básicas solidarias. Esta medida es un paliativo para los más pobres pero no resuelve ni garantiza un cambio de mirada en la seguridad social. Se mantiene intacto el injusto sistema de AFP que produce pobreza. Serán las trabajadoras y trabajadores los que pagarán como siempre los costos de esta aparente ceguera política, pero que en realidad muestra desnuda la opción por los poderosos y un modelo económico que les enriquece cada vez más.
El anuncio del Fondo común municipal redistribuye un poco mejor entre territorios ricos y comunas pobres pero, sigue siendo el mismo marco presupuestario del 12%, lo que transversalmente ha sido señalado como insuficiente para garantizar la equidad territorial.
Qué decir del congelamiento de las tarifas de electricidad hasta diciembre del 2020 y el Fondo de Estabilidad, una aspirina para pasar el dolor de cabeza que significa para los chilenos mantener bajo el modelo de concesiones los servicios básicos privatizados y bajo esquema de ganancias garantizadas al 7% sin siquiera asegurar la calidad y la regularidad en la prestación de tales servicios, como hemos visto en tantos hechos lamentables de cortes de agua y luz. Tiene razón el presidente cuando dice que su agenda va a significar un gran esfuerzo del Estado. El costo de us$1.200 millones será un esfuerzo de los mismos que han salido a la calle, del bolsillo del pueblo, de nadie más.
De salud ni hablar, el seguir bajo un esquema de subsidio a la demanda, generar un modelo de seguro con copago de la clase trabajadora de hasta un $1.400.00 a las clínicas privadas y subsidiar a las cadenas de farmacia en vez de incrementar el presupuesto sectorial y fortalecer la salud pública, muestra la indiferencia y tozudez respecto de lo que requiere la ciudadanía.
Sr. presidente, No apueste al desgaste de este movimiento, los estudiantes, las trabajadoras y trabajadores organizados seguirán actuando en todos los escenarios para vivir con dignidad, exigiendo trabajo decente y justo. Ud. presentó una agenda que no dió cuenta del descontento creciente, no dio el ancho. Ud. no ha entendido el problema, no comprendió ni escucho que CHILE DESPERTÓ.
Esperamos que parlamentarios y partidos políticos entiendan de una vez que esto no ha sido una pataleta social, luego de lo cual puedan seguir el curso normal de la política de las elites y de sus propias prioridades legislativas, que no son las del pueblo.
Esta lucha continua. En la práctica, se ha declarado un estado de Asamblea Permanente, en los territorios, centros de estudios y lugares de trabajo, que apuntan a romper la jaula institucional de los cambios, que es la actual constitución.

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